Fotos: Nelda Ramos, Fernanda Dalia, Fernando Rodríguez, Hamid Dayani y Graciela Ovejero.



Curadora invitada: Aidana Rico Chávez. Vol. II de la Serie curatorial Open Field/Campo abiertO. Creado por: Graciela Ovejero Postigo para Peras de Olmo. Acción realizada en simultánea a acciones de: Inti Pujol, Andrea Trotta y Constanza Bitthoff.



Persistencia. 
1er momento
por Tzitzi Barrantes

¿Duracional? ¿Cuánto se recomienda durar?  ¿Cuál es el límite? ¿Cuál es mi límite? ¿Factores internos o externos? ¿Qué puede detenerme?

Doy la espalda a los presenciadores y extiendo con mis dos manos una rama seca que dejo frotarse levemente con la esquina de una pared y otra, suena mientras sube, mis brazos se extienden lo más que pueden sosteniendo la rama de una punta con las dos manos, mientras permanezco arrodillada, estoy ahí, sintiendo cómo se transforma la incomodidad de tener las manos extendidas hacia arriba a deleitarme sintiendo cómo se pronuncian mis venas y la sangre que fluye por ellas, me levanto estirando totalmente mi cuerpo sin bajar en ningún momento los brazos, hay dolor y cansancio que se desvanecen al observar un pequeño zancudo frente a mí, parado en la pared, en algún momento vuela pasando por el entramado de sombras generadas por la luz cenital que baña mi cuerpo y la rama, generando tres tipos de sombras que se sobreponen, estiro mi cuerpo aún más, respiro y al exhalar mi cuerpo me sorprende al estirarse un poco más, otro poco más y más. ¿Es algo perceptible para quién presencia? Lo que tal vez si sea perceptible y para cada uno sea diferente es el tiempo, un tiempo expandido, estirado como mis tendones. Pienso que al estar ahí genero silencios y pausas que oxigenan las demás acciones que ocurren al mismo tiempo, propuestas por Inti Pujol, Andrea Trotta y Constanza Bitthoff y a su vez escucho sus movimientos y resonancias.

Me sostengo, ahí, estirando todo lo que mi cuerpo puede y quiere ceder, sin forzarlo, está abierto y dilatado, está lleno de aire que expulsa para crecer. No hay dolor, no resisto sino persisto, soy árbol como acto de (r)existencia *.

Giro en mi propio eje mientras sostengo la rama, aún con los brazos estirados, me concentro en los brazos, se doblan y traen hacia mí la rama que me envuelve y me lleva contra la pared. Estoy dentro. Frente a mí reaparece la única ramita que tiene una planta verde, huele a humedad y a vida.

Volteo toda la rama, continúa estando vertical pero con los ejes invertidos, es decir, donde sería la raíz ahora está arriba y la punta de la rama principal está hacia abajo, así continúo bajándola hasta que la planta aún verde acaricia mi boca mientras se sumerge en la misma, la trituro junto con una parte de la rama a la cuál está adherida, siento cómo se desacomoda mi mandíbula, sin embargo, mis muelas persisten en devorarla. Triturarla hasta volverla líquido. Sabe amargo.

Comienzo a quebrar cada una de las ramas, escucho los crujidos y siento como otros también lo escuchan. Coloco las puntas de las ramas dentro de mi boca, exigiéndole flexibilidad más que fuerza. Las sostengo mientras clavo puntillas sobre la pared, tomando como referencia el largo de la rama principal e incrusto sus extremos en la pared, detrás de ella se encuentran muchas tablas de madera de diferentes tamaños, texturas y clases (tomadas de la calle) que previamente clavo entre la pared y una columna diagonal, éstos también están solo sostenidos de sus extremos, la estructura se extiende verticalmente desde el techo al suelo. Saco las ramitas de mi boca y las acuesto entre una tabla y otra. Al acabarse las ramitas sostenidas por mi boca, saco del interior de la estructura y sobre el suelo un gran manojo de ramitas, también encontradas en las calles aledañas al lugar de la acción.

Me doy cuenta que el entramado se complejiza de líneas (palos, ramas, trozos de madera, paja, etc.), que asocio con triángulos rectángulos hechos de aire, y al colocar más ramitas con otras inclinaciones aparecen triángulos isósceles, escalenos y obtusos,  y otras figuras geométricas, sentía una organicidad matemática en todo ello, también pensaba en las estrategias minuciosas de los animales para construir nidos o panales, además de evocarme el armazón de una fogata, donde se vuelve importante la más mínima paja o chamizos para crear una pirámide capaz de sostenerse y resguardar la llama inicial pero también dejar entrar aire para que la avive, luego de la paja o chamizo crece la escala, siguen las ramas y luego los troncos que mantienen la misma estructura, todos se convierten en piezas fundamentales para que la llama se mantenga en el tiempo.

Luego, además de generarse un entramado cada vez más minucioso y equilibrado al interior de la estructura, al acostarme percibo como se desprende sutilmente de la estructura una arquitectura aérea, es decir, se extiende en el espacio sin tocar el suelo. Hay una tensión y equilibrio frágil entre más coloco ramitas, chamizos y paja porque le exige a mi cuerpo ser más cuidadoso con sus movimientos. De vez en cuando sumerjo mi mano, brazo y hombro entre la estructura, esquivando las ramas, trasladándome a veces a un bosque y a veces a mis recuerdos [un moral ubicado en la casa donde nació y vivió mi madre, Guasca (Cundinamarca, Colombia), la mayor parte de mis vacaciones en mi niñez iba a allá, al campo, y gran parte de mi tiempo y deseo lo enfocaba a escabullir mi mano y brazo derecho por ese moral, evitando las espinas y mis ojos puestos en la mora más grande, negra, dulce y jugosa, generalmente escondida al interior del entramado de espinas, exigiéndome destreza para no ser pinchada por las finas puntas de las espinas rectangulares, el moral aún existe y mantengo mi atracción hacia éste al querer arrancar sus frutos, solamente cambian las dimensiones, de niña lograba darle el tamaño de un bosque].

En el momento que se acaban las ramitas, dejo escurrir de mi boca la planta verde ahora convertida en líquido marrón sobre un plástico atado a una rama que yace en el suelo (encontrada en la calle y desplazada a la galería) que dice: peligro, éste se vuelve el canal de un micro-río turbio, pienso en el río Bogotá, en su olor nauseabundo y colores oscuros. Me pongo los zapatos y salgo a la calle a buscar ramas y derivaciones de árboles (tablas, tablones, palos de escoba, guacales, cajas, brochas, etc.), decido caminar en línea recta por una vereda (andén) y regreso por la otra, no regreso a Peras de Olmo (espacio cerrado disponible para la acción) hasta no recolectar varias ramas y encontrar un objeto contundente, es decir, de gran tamaño y largo, el cuál pueda incrustar en la pared. Generalmente durante la recolección encontraba los objetos en montones de basura o junto a árboles, entre más salía y observaba el suelo, más me familiarizaba con los objetos que cada calle tenía. Voy con paso acelerado, en tres momentos de salir a la calle me percaté de la presencia de alguien que me seguía a veces físicamente o con la mirada, salían de Peras de Olmo para presenciar la acción-recolección en la calle.

Recolectar derivaciones de árboles, trasladarlas de la calle a la galería y colocarlas sobre la estructura para hacerla crecer hacia adentro o hacia afuera era una constante. 

Sin embargo, en una ocasión mientras termino de colocar la última ramita quise recordar(me) que durante la construcción de la estructura (tres días seguidos) al cargar o arrastrar tablas grandes por varias cuadras o desprender los tablones de los palets encontrados en la calle tuve que utilizar toda mi fuerza.

Así que decido salir nuevamente a la calle, traslado un palet grande de madera que dejé en frente de Peras de Olmo, de la cual ya había extraído algunos tablones. La llevo al patio y en medio de las conversaciones de quienes se cansaron de presenciar acciones duracionales, quienes quieren hablar con sus conocidos, quienes se están tomando un descanso, entre otros factores; boto al suelo la estructura, ésta cae estruendosamente al suelo succionando a su paso todas las voces emitidas en el lugar, con el martillo golpeo con fuerza la estructura hasta sacar pedacitos de ella o arrancar el tablón completo produciendo un sonido metálico con los tornillos oxidados que la perforan.

Llevo todos los pedazos y tablones nuevamente a la estructura sostenida por la pared, y continúo con el entramado de líneas, decido colocar tablones pesados sobre la estructura, se derrumba una parte, escuchamos la caída unánime de tablas grandes y pequeñas, pensaba en cómo yo, la creadora de la estructura por quererla hacer crecer la estaba destruyendo, luego imaginaba que no era destrucción sino transformación, destrucción sería si tengo una meta de cómo quiero que quede la estructura o tengo ideas inamovibles de cómo y cuándo está terminada, pero no, no se trata de eso, las mutaciones y las constantes transformaciones regeneran el pensamiento y vitalizan el cuerpo, al no interesarme por seguir una idea fija, estoy permitiéndome aprender en el hacer, dejar caer todas las tablas que quieran caer y volverlas a reacomodar, dando relevancia a lo que sucede durante la creación-transformación de la estructura.

De esta manera, la acción constante de: recolectar derivaciones de árboles, trasladarlas de la calle a un espacio cerrado y colocarlas sobre la estructura se porosea con el tiempo, se reacomoda, se incorpora.

Mi cuerpo finito vivencia el infinito.

¿Cuál es mi límite?

1) ¿El agotamiento? Siento mucha energía y me revitaliza el hecho de continuar con la acción.

2) ¿Sed? En un momento de la noche tengo sed pero luego se desvanece.

3) ¿otra necesidad fisiológica? ¿Cómo orinar? En un momento de la noche tengo ganas de orinar luego se desvanece.

4) ¿Querer hablar con alguien o con los que esperan que me detenga? Converso internamente conmigo, con la estructura y con la situación en el espacio cerrado y en la calle.

5) ¿Tener que trabajar o estudiar al día siguiente? O ¿tener que levantarse temprano? Mi trabajo y espacio de aprendizaje están aquí mismo, en el presente. Estoy en Buenos Aires para estar aquí, haciendo esto en este preciso instante. 

6)  ¿El miedo a caminar por la calle sola en la noche? Son más de las 12:30 de la noche y en la última salida me dejo contagiar por un momento del miedo a que me atraquen o se acerque alguien (inconscientemente pienso en un hombre) violentamente a decirme o pedirme algo, pero aun así camino un poco más que las demás veces, pensando en que eso tampoco me detendría, no hay nada que me puedan robar y si me asusto por algo, solo es un susto, podría continuar.

7) ¿Que cierren Peras al Olmo? Ya había sido invitada a pasar la noche en una de las habitaciones del lugar, así que podría continuar si quisiera toda la noche.

8) ¿Que alguien se acerque y me diga que es más de la 1 de la mañana, que todos van a irse a dormir y además van a cerrar la puerta de la galería-casa? (así que no podrás salir a la calle por más ramitas). Me pregunta ¿continuas? Asiento con mi cabeza y hago un sonido sin abrir la boca que significa que si. Aunque en sus palabras se filtra su deseo de que termine la acción. Eso me persuade un poco pero continúo.

Al colocar la última ramita que me quedaba sobre la estructura, tuve ganas de salir a recolectar más ramas, las cinco personas presentes están en el camino hacia la puerta, me miraban. Les pregunté si podía salir a la calle por última vez, ellos me seguían mirando sin respuesta y con ojos afectuosos. Entonces les dije: ese fue el límite: me dejaron encerrada. Sonreí y compartí enormes abrazos.

 

Aunque con todas las ganas y energía de continuar con la acción. Y sin poder responderme temporalmente cuál fue el límite real, puesto que el día anterior estuve todo el día en la recolección y configuración de la estructura hasta las 4 de la mañana, sin hacer ruido, sin irrespetar a nadie, sin necesidad de que alguien me viera o acompañara. Y reanudando la labor a la mañana y tarde siguiente, la diferencia entre ese tiempo anterior al público invitado o convocado era que solo estaba yo y la estructura, transformándonos mutuamente, en cambio con público (espectador o presenciador) hice y extendí en el tiempo unas acciones sutiles, silenciosas y pausadas como preludio a la conversación-construcción que llevaba con la estructura y la configuración de la misma.

Si no hubiera sido la persuasión de saber que había cinco personas esperando que me desprendiera de la estructura, para saber si estaba bien (aunque estoy segura que sabían que lo estaba) y poderse ellos mismos desconectar de ésta y las demás energías desatadas por  las acciones de Inti Pujol, Andrea Trotta y Constanza Bitthoff. Hubiera sido mi vejiga, mis músculos, mi cabeza, etc. Los que me hubieran pedido que terminara y descansara en algún momento de la noche.

Pero en este caso fue la persuasión de alguien externo a mí que manifiesta con su cuerpo exhausto su deseo de que termine.

TIEMPOS NO HUMANOS

Para contemplar

1) El tiempo de crecimiento y movimiento los árboles.

2) El tiempo de putrefacción o de vencimiento de la madera (cuando se pone débil).

3) El tiempo de la estructura incrustada en la pared que sin estarla tocando se mueve, cruje, cae. (Que existe desde el 12 de septiembre y se mueve por si sola, por si sola también se cae, las puntillas seden)

4) El tiempo de caída de maderos grandes, ramitas, pajas, etc. y el tiempo que dura su sonido que rebota contra el piso de madera.

5) El tiempo-memoria impregnado en cada una de las derivaciones de árboles, cada una con un carácter, cada una única, que viene a “contaminar” un lugar impoluto. (tablas orinadas, húmedas, con objetos adheridos, hojas secas o verdes, pisoteadas, empolvadas, embarradas, con cabellos, con florecitas, con retoños, etc.)

6) El tiempo y transformación de la única planta verde de la rama que acciono y muerdo, trituro, convirtiéndose en bolo alimenticio, que luego dejo derramar de mi boca, líquido marrón burbujeante, durante la acción se espesa, y al otro día se seca dejando ver nuevamente la madera ahora hecha migajas compactas que endurecen el plástico y se adhieren a él.

Otros tiempos a tener en cuenta.


¿Qué sucede luego de

que sucede y continúas?



* (R)existencia, término acuñado por Consuelo Pabón (ver)


























Persistencia. 
1er momento

13 de sep. de
 2012
Borradores - 2° Open 
Field en Peras de Olmo.
Buenos Aires, Argentina.