Fotos: Claudia Rocío Rodríguez Rincón



Agradecimientos: Abel Azcona, Dioscórides Pérez, Paola Correa, Claudia Rodríguez, Fabián Miranda, María Buenaventura, Adrián Gómez, Gustavo Villa, los celadores y aseadoras de la Galería Santafé.



Mis 7,14 Litros
por Tzitzi Barrantes


Durante 3 días y tres noches permanezco sola en una casa campestre, preparando mi propia comida (mucha de ella sembrada a unos metros de la casa) y tomando mate.

 

Como orino tanto a causa del mate comienzo a preguntarme por este líquido, pruebo orinar en un vaso plástico y observar cómo cambia el color y olor durante estos días, ¿por qué nos dará tanto asco? ¿Por qué tomamos tanta distancia de nuestro fluido? ¿No hay acaso recetas donde utilizan la orina para curar enfermedades? ¿Nos hemos preguntado para dónde van nuestros excrementos y orines al depositarlos en el inodoro? ¿A dónde van las aguas negras en una ciudad como Bogotá? ¿Y el agua que bajamos al bajar la cisterna es potable? ¿Por qué no asumir nuestros desechos y/o fluidos de otra manera? ¿Cuántos litros de orina hacemos al día? Estando en el campo probé verter mi orina recogida en un vaso sobre la tierra, lo hice durante los 3 días y 3 noches que permanecí sola, comprobé o deduje que el lugar donde los lanzaba no olía mal porque la tierra absorbía, en cambio el olor a orines que se concentra por algunas zonas de la ciudad de Bogotá se debe principalmente a que orinan sobre paredes y pisos de cemento que no absorben, aunque parte de ello se evapore en los días soleados.


Sin desempacar maleta a los días siguientes me fui a vivir por 3 días y 3 noches a la casa-Galería Santafé, me propuse orinar frente a la cámara de vigilancia durante el tiempo que permaneciera en la Galería, pedí que me escribieran en una pierna PRIVADO y en la otra PRIVADA, oriné más de 21 veces, la acción consistía en colocarme entre las piernas un recipiente de boca ancha y transparente que medía los mililitros de líquido. También anotaba frente a la cámara en un tablero acrílico los mililitros orinados, en la parte de arriba estaba el día y la fecha, en la parte de abajo las cantidades de orines que acumulaba ese día seguido del signo “más” (+), acercaba el tablero a la cámara de vigilancia, luego vertía todo mi líquido a una botella transparente más grande. [En una hoja coloqué además de la fecha y hora información sobre la cantidad de líquido que tomaba y orinaba, también los alimentos que ingería].


El día de la inauguración de HABITAcción continué recolectando mi orina de la misma manera como lo venía haciendo, permitiéndome hacer las actividades que quisiese, conversar con las personas, comer lo que todos comían y beber lo que todos bebían. Supe al día siguiente que hubo personas que no se atrevieron a recibir la bebida de la inauguración (agua con jengibre), desconfiando de que se tratase de los mismos orines que habían visto hacía un momento en cerca a las escaleras principales del segundo piso, era posible que llegaran a esta conjetura al incluir que los vasos de vidrio decían “cuerpo” (vasos elaborados por Paola Correa), la mayoría de las veces que oriné en público durante la inauguración pasaron desapercibidas ¿Quién podría imaginarse que bajo la falda y/o entre las piernas yo sostenía un recipiente que recibía mi líquido? ¿Una mujer orinando parada?


Sábado 9 de febrero de 2013, llevo en mi maleta 4 botellas de orines recolectadas durante 3 días y 3 noches. Antes de iniciar la caminata hasta la cima del Cerro Monserrate le doy a un señor llamado Maximino $ 400 pesos, $200 pesos para pesar las 4 botellas de orines y los otros $ 400 pesos para saber cuánto peso yo. Me entregó dos papelitos, mis orines: 7,4 Kilos (litros) y yo: 48 Kilos.


Damos inicio a la caminata, a medida que subo siento cada vez más el peso de mis orines, durante el recorrido Claudia Rodríguez quien sin decir una sola palabra me alienta a seguir subiendo escaleras.


¡Llegué! La vegetación del cerro contrasta con la ciudad ahora cubierta por una capa de neblina, celebro con una sonrisa haber llegado, mis pulmones se llenan de aire más fresco.


Compartimos un abrazo energético entre Abel Azcona, Dioscórides Pérez, Paola Correa y yo.


Frente a la iglesia hacemos una improvisación colectiva, escuchando(nos), me acuesto en el suelo y lanzo las 4 botellas de orines hacia la puerta de la iglesia, éstas regresan a mí porque el suelo está inclinado, las vuelvo a lanzar y nuevamente se deslizan, Abel adquiere el cuerpo de la botella y también rueda, vuelo a lanzar las botellas y regresan, ahí permanezco un tiempo.


Me quito mi saco verde y lo enrollo, recibiendo un viento fresco en mi rostro, me levanto y veo que Dioscórides arrastra de los pies a Abel, me acerco a su rostro y sigo enrollando el saco, regalándole a sus ojos cerrados viento fresco, visto los brazos de Abel con las mangas del saco, me acuesto y estiro con mis dientes lo que sobra del mismo, permanezco ahí con la mandíbula fuertemente cerrada; la gente dice que está temblando. Dioscórides me acuesta boca abajo y hace crujir dos veces mi columna, lanzo dos gritos al aire.


Me siento y coloco entre mis piernas una de las botellas de orines, recojo las demás botellas y las coloco dentro de mi vestido, por último coloco la que tengo entre mis piernas, mi vestido sede por el peso y descubre mis senos, pienso en todos los senos que he visto expuestos en lugares públicos minutos antes de amamantar a un bebé, me acurruco y la barriga de botellas estira más mi vestido. Me meso de un lado para otro y mi bebé amorfo también se mece conmigo, no chilla, solo hace “glu, glu, glu” a causa de mi líquido amarillo que corre de un lado a otro de la botella. ¿Cuántos kilos pesa un bebé?


Me acurruco un poco más e inclino mi cuerpo hacia adelante para que vaya cayendo al suelo las 4 botellas junto a los tres cuerpos que me acompañan.


Mi vestido verde ya no es vestido, es una segunda piel que se estira… tiendo en el suelo y frente a mí un saco rojo que durante el viaje de 5 meses y 10 días me protegió del frío, tiendo también mi cuerpo y estiro cada vez más mi piel verde que se fuga por mi cabeza y deja al descubierto mi torso desnudo, me cubro con mi piel roja y seca.


Llevo las 4 botellas al jardín más cercano y empiezo a regar las matas con mi orina, Abel se acerca y pone su cabeza entre el jardín, me pide que lo bañe, mi líquido cae por su cuello y cabeza, escurre y cae a la tierra.


Bajo Monserrate cargando ya no 7 kilos de mis orines sino 7 botellitas con orines de quienes de alguna u otra manera conformaron HABITAcción durante las 3 noches y 3 días anteriores.

















Mis 7,14 Litros
(E improvización colectiva entre: Abel Azcona, Dioscórides Pérez, Paola Correa y yo)

Del 6 al 8 de febrero
HABITAcción, una galería que deviene en casa para los artistas. Galería Santafé -sede temporal- Bogotá.