Fotos: Andrés Umaña



Agradecimientos: Neryth Yamile Manrique Mendoza, Jaime Lizarazo, Lucas Moreira, DADAvid Ortiz, Milton Afanador, Reinaldo Correa Díaz, Gabriel Ayala, Sheila Castellanos, Mely Moreno, Diana Díaz, entre otros.



Desde el momento que llego a Bucaramanga, 19 de junio/13,  comienzo a preguntarle a las personas ¿Crees en tu media naranja? ¿Cómo es esa media naranja? Mientras sostengo en una mano media cáscara de naranja con una cabuya atada en el centro y en la otra una grabadora en REC.

 Algunas personas sonríen y me cuentan cómo es su media naranja o cómo esperan que ésta sea, otros me revelan que su media naranja (su amor verdadero) ha muerto y que extrañan su compañía, un chico me dice que su media naranja no fue aceptada por los demás y él no tuvo otra opción que dejarlo ir (la homofobia aniquila amores posibles), señores de edad me dicen que la media naranja del hombre es la mujer, otros y otras me dicen que su media naranja se encuentra a su lado mientras me señalan a su pareja, otros dicen que no tienen media naranja sino naranja completa, estudiantes de la UIS me comentan que en el amor lo más importante es comprenderse, otras me comentan que su media naranja aún no ha llegado pero saben que será una buena persona y sabrán que es él cuando lo vean. Otros dicen que no creen en ese dicho, mito o “brujería”. Otros y otras me dicen que uno nace completo y no es el complemento de nadie, una chica me dice que el amor no sólo se da de humano a humano, sino que ella ama y la complementa un buen libro, su gata y sus plantas.

En cambio un joven me dice que su media naranja debe tener grandes tetas y culo, la persona que lo acompaña me dice que su media naranja se convirtió en medio limón: “malgeniada y mandona como ella sola”, luego este mismo señor me ve pasar nuevamente por esa cuadra y me dice: “venga, yo la veo de un lado para otro preguntando sobre la media naranja, yo creo que usted está buscando una, y mire, aquí me tiene”. Sin responderle nada continúo caminando por las calles de Bucaramanga preguntándole a la gente sobre su media naranja, y por cada pregunta coloco en mi mano media naranja seca, cuando responden la adhiero a la parte exterior de mi bolso de costal, dejando de esta forma registro de la cantidad de respuestas que recolecto.

Llega el día en que realizo otra parte de la acción en el Parque Santander, 21 de junio/13, allí continué preguntándole a la gente por su media naranja, los vendedores de jugo de naranja fría me responden que ahí no tienen las naranjas pero que me pueden vender el jugo.

Después de un tiempo de interrogar, grabar las voces de las personas y adherir medias naranjas a mi bolso por cada una de sus respuestas me siento en un círculo de cemento donde antiguamente existía una fuente de agua, extiendo boca abajo todas las medias naranjas que tengo al interior de mi bolso, contemplo la particularidad de cada una y su belleza, dejo una distancia entre ellas de tal forma que mi cuerpo pueda transitar entre el piso ahora minado de medias naranjas, su deliciosa fragancia se manifiesta.

Al terminar de sacarlas extraigo las medias naranjas que se encuentras adheridas en el exterior de mi bolso de costal, ellas ya están agrupadas y enredadas entra sí, sostengo estos racimos de la cabuya que cada una tiene y sumerjo en mi boca, mis dientes aprietan cada vez más fuerte a medida que aumenta la cantidad de medias naranjas sostenidas por mi boca.

Metafóricamente sostengo en mi boca las diversas respuestas sobre lo que consideran que es una media naranja y también de las y los que no creen de su existencia, sin embargo, sea cual sea su posición y la mía, allí están, agrupadas, interrelacionándose, complementándose entre todas, creando un gran árbol de naranja que necesita del agua, del sol para la fotosíntesis, de los nutrientes de la tierra, del cuidado humano y natural para nacer sanas y jugosas, su necesidad de seguir creciendo y nuestra necesidad de seguir alimentándonos para continuar creciendo física y espiritualmente.

Pero entonces instauro la pregunta sobre el peligro de establecer juicios de valor sobre lo que consideramos PERFECTO, ¿MEDIA NARANJA PERFECTA? ¿HOMBRE PERFECTO? ¿MUJER PERFECTA? ¿BELLEZA PERFECTA? ¿PRÍNCIPE AZUL? ¿Acaso para ser perfectos debemos someternos a cirugías para aumentar el pecho, las nalgas, respingar la nariz, utilizar lentes de contacto, blanquear o broncear nuestra piel, adelgazar o someter nuestro cuerpo a un riguroso ejercicio porque hay quien nos dice qué es un cuerpo perfecto? ¿Someter nuestra genuina forma de ser para ser lo que el otro quiere que seas?  Ahora ¿una NARANJA PERFECTA es aquella que ya no viene con pepas (semillas), es grande, amarilla, brillante y homogénea (sin pecas o manchitas) y por supuesto una fruta empaquetada y de tipo exportación? ¿Transgénica? Productos de Monsanto sustituyeron productos locales de Brasil y de Argentina ¿Qué pasa con la particularidad de cada una de las naranjas medianas, pequeñas, pecosas y hasta muchísimo más dulces que aún se siguen cultivando en el territorio colombiano? ¿Qué pasa con el Tratado de Libre Comercio que permite que lleguen NARANJAS “PERFECTAS” tratadas, industrializadas, fumigadas masivamente, “mejoradas” porque no tienen semillas y con precios muchísimo más económicos que la naranja nacional? Considero importante valorar lo que tenemos y lo que somos, de manera individual y colectiva.

Con las MEDIAS NARANJAS en la boca me levanto y me planto ahí mismo, me siembro en lugares donde están ausentes los árboles y el agua. Los bumangueses me cuentan posteriormente sus recuerdos familiares ligados a la fuente de agua que hace ya varios años arrancaron del Parque Santander y de su caluroso clima.

Allí, junto a la fuente de agua ausente se encuentra una mujer regando los jardines públicos del parque, me acerco a esta mujer de overol rojo y ella alegremente me moja con el agua que cae con bastante presión desde su manguera, la ropa empapada se pega más al cuerpo y las medias naranjas secas se hidratan, empiezan a llegar una que otra avispa a husmear las medias naranjas, las observo con la sensación de que un pinchazo de ellas en las húmedas naranjas me dolerá a mí también, puesto que ahora mi cuerpo se ha expandido, una estructura orgánica y bultosa sale de mi boca y cubre mi pecho, mientras la mujer de overol rojo me sigue mojando veo a las personas que me miran, están secas y el único líquido cercano que tienen es su propia producción de saliva mientras el sol candente los abraza, cierro los ojos y siento mi cuerpo-árbol hidratado.

Camino por el Paseo del Comercio y me planto en un tubo hueco de un farol metálico que cortaron, me planto en espacios destinados para plantar árboles pero que carecen del mismo y en el último lugar que me planto es sobre un gran tronco de árbol mutilado. Permanezco allí. Saco las medias naranjas por un lado del vestido y yo vuelvo a entrar al vestido por el otro lado, utilicé durante mis “plantadas” a mi vestido como una corteza más del árbol de naranjas que al escurrirla hasta los pies lograba develar mi propio tronco y cubrir mis pies para convertirlos en algo más amorfo.


















Mi Media Naranja
Minha Media Laranja
 
19-21 de junio/13
Festival Internacional de Performance "Acciones al Margen" (Bucaramanga, Colombia).