Lágrimas de Miel

Nacimiento de Miel. 18 de mayo de 2014 a las 2:10 am 



























"Ese día me levanté diciéndole a mi pareja que sentía mariposas revoloteando en mi estómago, esta expresión describe para mí una sensación particular de un “dolorcito agradable” en el vientre, un retorcijón viseral acompañado de un cosquilleo de adrenalina al imaginar que pronto nacería, el retorcijón aparecía levemente durante la mañana y la tarde, al ponerse más intenso en la noche lo llamé cólico, pues se parecía a los dos únicos cólicos intensos que he tenido durante mi periodo menstrual hasta la fecha y en las dos ocasiones se aliviaron al hacer actividad física.

Días previos al parto tuve un sueño que me reveló el sonido que me ayudaría a oxigenar mi cuerpo y relajar tempestades.

La noche del 17 de mayo empezó a subir la marea en mi interior, sabía que no debía esperar sus fuertes oleadas y choques de sus olas permaneciendo acostada junto a la orilla, debía entrar muy amorosamente en sus aguas, sumergiendo primero la cabeza para que fuera abriendo paso delicadamente a todo el cuerpo, todo el cuerpo debía estar presente, no solo la vagina, sumergirme por completo, aunque mis manos y rodillas ancladas en el suelo arenoso no permitiría que fuera arrojada a las profundidades del océano o llevada bruscamente a la orilla del mar, así viví sensorialmente mis contracciones.

Entre más fuertes eran las oleadas del agua más fuerte yo emitía las oleadas de oxigeno con la letra eme, un mmm que ayudaba a bañar mi cuerpo, lo refrescaba entrando a cada hueso, músculo, visera e intersticios del cuerpo, traía consigo un nuevo aire y la sensación de estar cada vez más cerca de abrazarla, de mi vagina comenzaron a salir hilos de sangre de aspecto mucoso, uno de ellos lo cogí y lo deslicé por la pared hasta formar un círculo del tamaño de mi mano, la silueta de este círculo estaba dibujado previamente en lápiz, pues días anteriores había esbozado sobre la pared una gran luna y esta era solo una de sus manchitas, gracias a ese señalamiento en la pared tuve donde fijar mi mirada mientras recibía cada vez más seguidas las oleadas del agua que iban cambiando de escala y yo respondía con mi oleada sonora con la misma intensidad, sintiendo que recorría todo mi cuerpo y luego iba gradualmente disminuyendo de intensidad del mmm y de esta manera desintegrar cada oleada (contracción).

Mi pareja acariciaba tiernamente mi piel de arriba hacia abajo en sintonía con el ritmo de mi sonido, en las ultimas tres contracciones cambié de posición: con las rodillas apoyadas en el suelo (mi cama) erguí mi torso, como queriendo sacar mi cabeza del agua para respirar hondo y llevarlo a todo mi cuerpo, mientras que mi espalda rodeaba la espalda desnuda y suave de mi pareja.

En la última contracción me bajé de la cama y me acurruqué abriendo la cadera y sintiendo la dilatación de mi vagina y apertura de todo mi cuerpo. Ahí sentí que venía, regresé a la cama, estiré una pierna y la otra la doblé llevando mi pie para atrás, una mano apretando el empeine de la pierna que llevé hacia atrás y la otra mano apretaba la pierna de Vanesa (partera), quien se ubicó detrás de mí para brindarme espaldar, sentía las manos de mi pareja acariciando mi cuerpo como gesto de apoyo y empecé a pujar pensando en mi bebé y su salida, era un pujo que involucraba el ano y el periné, pujaba con toda mi fuerza y con todo mi ser, apenas rompí fuente y su cabeza comenzó a asomarse y a empujar los labios superiores e inferiores de la vagina empezó el dolor que específicamente fue un ardor intenso, puesto que pliegues y “algo” al interior de mi cuerpo veían por primera vez la luz, comprendí en su máxima expresión el sentido de “dar a luz”, esa exposición a la luz ardía.

Luego apareció en mi mente y mi sentir una imagen: mi vagina era un gran ojo de reptil, su pupila negra y gelatinosa era la cabeza de mi bebé y su lagrimal de color amarillo encendido era el periné, a medida que seguía pujando crecía ese ojo y su lagrimal lloraba ácido, se endurecía y templaba al punto de casi estallarse, a pesar de incrementarse este ardor yo seguía firme en mi pujo. Este ojo que visualicé comenzó a escurrir más lágrimas amarillas que ya no solo ardían sino que quemaban, quise liberar gritos que exteriorizaran el fuerte ardor que sentía. 

Mantuve los ojos cerrados para concentrarme y vivir cada segundo de esta experiencia única, mi cuerpo estaba en un estado alterado queriendo sentir en su plenitud todo lo que el parto le regalara, con mi mano toqué su cabeza gelatinosa, apenas había salido un tercio de ella. Me concentré en pensar en el resto de su cuerpo y el mío que permitiría que tal acción se diera.

Mi cuerpo estaba en la capacidad de continuar, estaba muy seguro de ello, sentí cómo empezó a escurrir sudor por mi frente, el esfuerzo físico era grande pero yo estaba plenamente entregada de cuerpo y alma a lograrlo.

De repente tuve un profundo orgasmo que me sumergió en un cuerpo expandido, un cuerpo universo, un ser etéreo que abraza y encuba el “todo” y sentí que fue durante ese momento que su cabeza logró resbalarse con gran fluidez por el tobogán de la vida.

Volví a pujar más lentamente, el partero intervino colocando dos dedos en mi vagina para mover uno de los hombritos de la bebé hacia su pecho, permitiendo que su cuerpo terminara de salir más fluidamente y a modo de propulsión ella llegó a este mundo, su expulsión me produjo un segundo orgasmo, nacimos juntas.

Sosteniendo una sonrisa en mi boca vi cómo mi pareja y el partero la llevaban hacia mi pecho mientras ella con los ojos bien abiertos me miraba intrigada y sus piernitas se impulsaban como las de un sapo contra mi barriga aún templada, la abracé y besé varias veces su cabeza gelatinosa de olor delicioso, las dos sentimos las manos de mi pareja que nos abrazaba y consentía. El partero hizo unos cantos y le dijo a la recién nacida “bienvenida a esta tierra de abundancia”.

El cordón umbilical aún nos unía, llamé a mi madre que permanecía fuera del cuarto, ella en seguida entró y vio a su nieta conectada literalmente con su hija, ¿Un solo cuerpo? ¿o un cuerpo derivado de otro cuerpo?

El partero indicó a mi pareja cómo cortar el cordón umbilical utilizando un palito llamado chusque (traído del pueblo natal de mi mamá especialmente para ese fin), el cordón latía y su mano lo sentía, cuando dejó de latir mi pareja cortó el cordón umbilical, separando(nos) y separándola su hábitat acuático donde permaneció nueves meses. No lloró en seguida pero inevitablemente lo hizo para ejercitar sus pulmones y como forma de alarma por la situación desconocida en la que se hallaba.

Posteriormente vi cómo el partero cogió la punta del cordón que salía de mí, le dio dos vueltas en su mano y haló, pujé para “parir” la placenta, escuché decir que estaba perfecta y no me había desgarrado ni un milímetro, un parto limpio según el partero.

El partero tomó la punta del cordón umbilical que se conectaba a la placenta para extraer con su dedo mi sangre y colocó un poco de ella en la frente de cada uno de los presentes, nos invitó a repetir su gesto y de esa manera, decía él, nos conformaríamos como familia.

Acerqué la boca de mi bebé a mi pecho y ella chupó mi pezón estimulando a las glándulas mamarias a producir su alimento, se relajó en seguida pues llegaba a su nuevo hogar cálido y seguro, el mismo universo pero en su capa externa.

Esa madrugada chupó mi/su leche y durmió sobre mí.

Conectada a mi cuerpo ya no por el cordón umbilical sino por mi pecho del cuál brota su elixir, el más delicioso dulce que alimenta a Miel, el placer de comer, el placer de sentirnos piel a piel mientras la calidez del cuerpo, su suavidad, textura y olor la arrullan.

Esa madrugada mi útero se seguía contrayendo como cuando ella estaba adentro, aún no se acostumbraba a su ausencia.

El partero me cuenta que no olvidará la bienvenida a este mundo que le di a mi bebé: mis lágrimas escurrieron por  el rostro, pecho, y vientre hasta llegar a su cabeza saliendo de mí. La recibí con un baño de agua salada, unas pequeñas gotas fugadas de un fuerte orgasmo que me produjo su llegada, unas partículas diminutas como las lágrimas que resuenan en lo micro y lo macro, las olas del mar nos mecen y la vida nos estremece". Tzitzi Thlini Barrantes 



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Padre de Miel: DAvid Ortiz Ávila / Partero: Ramiro Romero