Fotos: Claudia Aruquipa



Agradecimientos: Javier del Olmo, Andrea Trotta, Claudia Aruquipa y Santiago Cao.



¿Los (des)echaron?
por Tzitzi Barrantes

Durante mi estadía en Buenos Aires pasaba frecuentemente por el Terminal de Constitución, un día iba al tomar un bus que pasaba en frente y no reconocí el lugar.

Estaba totalmente cambiado, habían cerrado una o varias de las veredas (andenes) donde funcionaban rutas de bus. La gente estaba igual de confundida a mí, pregunté por el que yo necesitaba pero nadie sabía, ya no estaban los vendedores ambulantes que además de venderme maní y alfajores, siempre sabían qué bus me servía, ninguno de ellos estaba, tampoco los techos metálicos que los y nos cubrían de la lluvia y el sol.

Esperaba bajo el sol inclemente cuando una señora de la fila hizo un comentario sobre la transformación del lugar, yo asentí y ella agregó ¡ya era hora que sacaran a esa gente de aquí, había mucha basura! y le pregunté ¿pero ahora dónde trabajarán?

En un periódico había visto días anteriores una fotografía de maquinaria pesada arrancando los techos metálicos frente a esta Terminal, en el mismo artículo decía que los vendedores que se opusieron al desalojo habían sido encarcelados, en ningún lado decía qué alternativas laborales tendrían estas personas al ser (des)echados, puesto que la principal misión del desalojo era intentar “embellecer” el lugar.  Desde ese entonces también habían disminuido el número de familias y personas que los demás ciudadanos y extranjeros veíamos que habitaban las calles.

 10 de enero de 2012, con un pedazo de escombro (residuo del desalojo) rayo el suelo y redibujo a mi manera lo destruido, reconectando las  estructuras metálicas huecas ancladas y mutiladas a ras del suelo, la gente que espera los buses se desacomoda de su fila para darle espacio a mi cuerpo acurrucado que camina hacia atrás mientras deja huellas blancas en el suelo con el trozo de escombro. La gente se me acerca a preguntarme dónde puede tomar el bus que necesita, se aleja confundida y sigue preguntándole a los demás sin obtener respuesta.

Poco a poco, bajo el sol ardiente y el sonido seco del trozo de escombro, se resalta la ausencia y el pasado cercano de este lugar que no tardará mucho para ser pisoteado, olvidado y aceptado entre más rápido resolvamos qué bus nos sirve y en dónde hacemos la fila para seguir nuestros recorridos rutinarios, sin miramientos a los cambios de la ciudad.

Ya se nos pasarán los reproches e “hinchadas de pelotas” cuando dejemos de tener que esperar tanto tiempo, bajo el sol de verano, el bus que nos llevará a nuestro “destino”.

Luego de resaltar con líneas blancas los cimientos de estructuras metálicas mutiladas, escribo con tiza ¿Los echaron del espacio de laburo? ¿Los (des)echaron? En un momento la letra “c” rodea mi espalda y las letras “a”y “o” rodean mi cuerpo, delimitan el espacio ocupado por mi cuerpo, permitiéndome crearlos a mi medida para habitarlos. La gente empieza a leer en voz alta estas dos preguntas.

Una mujer ve el agotamiento de mi cuerpo bajo el sol, llevo más de una hora allí, me ofrece agua tibia, la recibo. Me pregunta si me encuentro bien, le digo que sí. Se va y regresa con un poco más de agua en la misma botella, se agacha, me la entrega, fuma y se acerca a mi oído y dice: ¿la violaron? ¿la están prostituyendo? Le digo que no y que me encuentro bien. Ella dice: su acento…no es de aquí ¿verdad? ¿Peruana?, soy colombiana (le digo). ¿Su esposo la trajo? Me pregunta y luego me comenta: yo vendo ropa, ahí la vendo, donde está mi hija… me señala un toldo en la calle lateral al Terminal.  

¿Cuál será la ruta de destino de ella? ¿Cuál la de los vendedores? ¿Y cuál para los que no quieren ver ni opinar? ¿Mucho menos accionar?

























¿Los (des)echaron?

10 de enero de 2013
Terminal de Constitución,
Buenos Aires (Argentina)